martes, diciembre 14, 2010

Si leen, sí... o...


Los discursos empañan los colores

dibujan una realidad que no lo es
enrarecen la energía
tuercen la noche
endurecen el día
nos expresamos con palabras
y así evadimos la verdad de este instante.

Hablemos imágenes
hablemos sonrisas
hablemos locura
hablemos poesía
hablemos silencio.
...


(c) Oscar Franco

lunes, diciembre 13, 2010

Pero hay momentos

No soy bueno
no puedo negarlo
soy sincero
no puedo ocultarlo
no soy cínico
pero hay momentos
en que yo no soy yo
y eso espero.

(c) Oscar Franco

domingo, diciembre 12, 2010


Vamos a ver qué hay de cierto en el desierto


© Oscar Franco
foto: Nubi

sábado, diciembre 11, 2010

Recuerdos como mosquitos


Los recuerdos

como los mosquitos

son latosos

te acosan

no te dejan trabajar

te pican cuando estás dormido

empiezas a tener ideas

te quitan la tranquilidad

despiertan emociones tóxicas

ira

furia

cólera

aversión

codicia

deseos de aniquilar

o de estar en otro lado

lejos

¿habré dejado una ventana abierta?

Los recuerdos

como los mosquitos

son latosos

espántalos de un manazo

aplástalos sin miramientos

o padece estoico la inducción de su paludismo

su dengue

su malaria

sufre por su causa fiebre

delirios

sudores

locura

temblores.

Los mosquitos

como los recuerdos

pululan en los estanques

porque allí el agua no fluye

la inacción parece atraerles.

Los recuerdos

como los mosquitos

son hematófagos

así es

te chupan la sangre

y pueden producir infecciones

contagios

epidemias

llegan volando

zumbando que no los oyes

y te inoculan imágenes

que al poco tiempo eclosionan

en larvas de pensamientos.

Los recuerdos

como los mosquitos

a algunos no les molestan

¡pero a ti!

No notas que te están picando

y al rato te rascas

te rascas

te rascas

¡cuánta comezón!

Los recuerdos

como feroces dípteros

te transforman en un monstruo

o en un lobo

o en un anciano indefenso

o en un viejito feliz

depende cómo te piquen

o no.

Los recuerdos

como los mosquitos

parecen inofensivos

pero pueden ser muy peligrosos

si se posan sobre ti.

Ignóralos si quieres

con suerte y se vayan a joder a otro

o sé compasivo y atrápalos en un frasquito

para soltarlos donde no te afecten.


© Oscar Franco

foto: mediateca.educa.madrid.org

Tenía piernas

Tenía piernas, tremendo, delicioso, insoportable semejante par de piernas. Yo desde oscuramente iluminadas entrañas de la tierra recorría con la mirada, con la lengua de la mirada, cada microscópico espacio de esas más que perfectas piernas, recorriéndolas de arriba abajo, de abajo a arriba, arriba, arriba.

Desde las soleadas nuncamente entrañas populosas de la tierra, deseando que tanta gente de pronto se evaporara, anhelando que ese dulce de cruda piel se aproximara y pasear por esas piernas una roja, húmeda lengua, como un niño poseído por el demoniaco impulso incontenible de chupar una paleta. Deseaba que ella fuera una paleta y que un alma bondadosa me la obsequiara. Deseaba lamer la miel de esa mujer de primavera sabiendo que un manjar así jamás me empalagaría.


No era yo todo, era mi mente la única que gozaba. Mis sentidos no obtenían ni un poco de satisfacción pues, lamiendo una ilusión, de nada se nutrían. Porque las niñas más bellas no pertenecen a nadie y si te acercas a ellas se deshacen en el aire. Y los cuadrados bloques de piedra, ¿por qué tienen ellos ombligos? Tantos ombligos. ¡Cómo me escrutan los ojos que cerca me ven pasar! No quiero ser una máscara, no quiero ser uno más. Tampoco quiero, ¡qué diablos!, tener que decir palabras, dejar que transcurra el tiempo, que ella me califique y se forme una opinión. No quiero que diga “puedes”. No quiero una decisión. No quiero ver si es posible ni conversar todo el día haciendo una ronda inútil, un cortejo de impaciencia que aniquile este deseo tan puro.


Sólo quiero, ¡qué difícil!, besarla porque son sus piernas una paleta candente que desata mi pasión. Comerla como a una paleta helada con venas de sangre ardiente que bien palpita, quema la mente y que abrasa la razón. Que abrace al corazón al no soportar más tiempo impasibles mis papilas, corriendo sobre su piel desnuda y voltear el tiempo entero como si fuera un calcetín, al comenzar por el postre, para conocernos luego, antes de emitir sonidos que no sean los del placer. Ya vendrán después los nombres, escolaridad, trabajo, nacionalidad, estado civil, servicio militar y toda esa serie de absurda presentación.


Se desplaza el vagón siniestro trastrocador de naturalezas por las oscuramente iluminadas entrañas de una ciudad. Con el corren emociones, esperanzas, fantasías, sus piernas y tantos días que no pienso anexar al vasto calendario de mi existencia y no pediré clemencia, no ni fingiré demencia. No voy a acercarme yo a registrar mi paciencia en una página larga de su futuro cercano. No perderé la cabeza, no me arrastraré como un cachorro a darle una probadita a esa fruta que, creo, todos queremos tomar.


Y no he de dejar de hacerlo por miedo al rechazo ignorante o al ridículo insensato, sino porque no me sabe tener que inventarme un rato que definitivamente no existe en este lugar.

Así que desapareció, sin sospechar ni siquiera el deseo que en mi prendió, más que de lamer sus piernas, de que este mundo sin lógica y plagado de prejuicios no fuera tal como es.

Así que desapareció y ella, ¡tenía piernas! Un tremendo par de piernas. Dos pilares incandescentes que aunque se hincan decentes no serán tan inocentes como querrá suponer el espíritu que las anima.


Pero desapareció entre una estación y la otra, fabuloso par de piernas que la lengua fantasiosa de mi vista disfrutó.

© Oscar Franco
foto: uimPi.net

jueves, diciembre 09, 2010







No es tu tren
si no estás en el andén


© Oscar Franco

Foto: Nubi, con arreglos de José Luis Nieto

miércoles, diciembre 08, 2010

Sin palabras


Hace tiempo que tengo la idea
pero nunca encontré las palabras
me parece que escucho visiones
me suceden las cosas más raras

hace rato que quiero decirte
que me agobia un sentimiento extraño
pero nunca encuentro las palabras
y si hablase podría hacernos daño

pasa el tiempo y no puedo explicarte
algo que no me explico a mí mismo
y jamás llegarán las palabras
si mi extraño sentir no defino.

© Oscar Franco

Foto: Geraldine Kuehne